Hoz de Galatea es una breve antología de poesía erótica y amorosa que me provoca compartir. Este nuevo rompecabezas lo forman escritos olvidados y otros que formarán parte de La torre de Estibaliz, mi próxima publicación en formato físico después de Capturas de escafandra (Apogeo, 2018). Descarguen de forma gratuita. Agradezco mucho a todos mis lectores.
martes, 11 de junio de 2019
miércoles, 29 de mayo de 2019
La JSA (2000) tras el lente de Park Chan-Wook
Mientras el resto del mundo recibía el nuevo milenio, Corea del Norte cumpía ya cincuenta y dos años encerrada en sí misma bajo la dinastía comunista de los Kim. Desde el espacio, las fotografías nocturnas muestran el Asia entera iluminada mientras que Corea del Sur parece una solitaria isla debido a que su hermano perdido no conoce la luz eléctrica por el salvaje racionamiento. Con este gemelo ya irreconocible solo es posible comunicarse a través de transmisiones clandestinas, aunque estas permanecen unidireccionales, siempre de sur a norte y principalmente en forma de videoclips pop y series románticas ¿Quién sabe qué se esconde en el norte? ¿acaso también tienen algo que ofrecer y algo que decir?
Song Kang-ho, acaso el mejor actor surcoreano vivo, encarna al Sargento Oh Kyng-pil, quien es no solo un solemne militar encargado del Área de Seguridad Compartida (JSA por sus siglas en inglés), sino también un joven amante de la cerveza, los snacks y una novia que lo espera fuera del cuartel. La rutina de trabajo en la frontera tiene un elemento comédico, tanto en la película como en la vida real: los militares de ambos países arman formación frente a frente con caras de malos. Suelen ser muchachitos que nada tienen que ver con la demencial guerra apenas detenida por un armisticio y es por eso que no es raro que cada cierto tiempo aparezcan señales de una tímida amistad, generalmente basada en el asombro de reconocerse en un coreano del otro lado.
Es así que Oh conoce al joven sargento norcoreano Lee Soo-hyeok, encarnado por Lee Byung Hun (en 2009 volveríamos a ser testigos de la impecable dulpa que forman Song y Hun en la película de horror dramático Sed, también dirigida por Park Chan-wook). El azar y la confianza propia de quien busca un amigo llevan a Oh a cruzar la frontera varias noches para reunirse con Lee a tomar cerveza, reír de las anécdotas de la vida militar e intercambiar música y consejos sobre chicas. Aparte del extremo cuidado por no ser descubiertos por las tropas de sus respectivos países, nada en estas interacciones guarda relación con el tenso conflicto de más de medio siglo que transformó la región y el mundo. No estamos aquí ante dos antagonistas en un retrato bélico, sino ante dos muchachos estresados con ganas de pasarla bien.
Solo en un momento la tensión corta el aire en la cabaña donde ya otros oficiales del sur y el norte han comenzado a reunirse para jugar cartas, beber y compartir snacks. Oh regala chocolates surcoreanos a Lee, quien inmediatamente los abre y los mete a su boca, siempre listo a saborear los placeres que no existen en su devastado norte. Entonces, Oh, en su noble deseo de un mejor futuro para su nuevo amigo -a quien llamaba hermano- le pregunta si quiere desertar a Corea del Sur, donde no pasaría hambre, sino que podría comer todos los chocolates que le diera la gana. Lee recibe estas palabras como un puñal -la cámara de Park se encarta de hacérnolos saber en un close-up de su rostro- y escupe el chocolate surcoreano, aunque sería más preciso decir que abre la boca y lo deja caer lentamente. Se dirige entonces a su (¿todavía amigo?) surcoreano y le dice:
-Voy a decir esto solo una vez, así que escúchame bien. Mi sueño es que algún día nuestra república producirá los mejores dulces de esta península.
A pesar de la timidez con que Oh propone a Lee dejar su patria y acompañarlo, de alguna forma no estaba listo para recibir una respuesta negativa, ya que la sorpresa en sus ojos no deja de repetírnoslo por varios tensos segundos. Lee no estaba dispuesto a dejar Corea del Norte y jamás podría estarlo.
Es en este preciso momento que la película toma otro rumbo, ya que se va desvanaciendo la camaradería para recibir una nueva etapa, la de Lee Young-ae en el papel de la Mayor Sophie E. Jean. Las Fuerzas Armadas tienen que actuar rápido ante un lamentable evento que amenaza las ya complicadísimas relaciones con Corea del Norte y que ha despertado la rabia de los altos mandos en los EE.UU., quienes reaccionan destacando a la militar coreanoestadounidense de emergencia al Área de Seguridad Compartida para investigar la inoportuna muerte de dos oficiales norcoreanos en manos del oficial surcoreano Oh Kyng-pil. No pudo suceder en peor momento y las circusntancias eran muy confusas: el informe mencionaba un secuestro, una posible incursión ilegal en territorio norteño y todo olía muy raro ¿Qué habría pasado en realidad?
domingo, 26 de mayo de 2019
Gran Torino y la bondad de un amargo cowboy
Eastwood nunca dejó de ser Eastwood. Es la primera impresión que tengo al mirar el póster de Gran Torino y encontrarme con su rostro. Allí está él, inexpresivo en su profunda carga emocional, octogenario cowboy con el oscurecido paisaje desértico del spaghetti western, esta vez imponiendo su amada soledad en los bellos y duros suburbios de Detroit.
Con el mismo aplomo con que lanzó su diatriba contra una silla -antojadiza encarnación de Barack Obama en la Convención Republicana de 2012- Clint Eastwood encarna al veterano Walt Kowalski, solitario conservador que disfruta de la paz y el silencio tras décadas de servir a las tropas de la libertad en el mundo. El águila calva, los misiles y la bandera de estrellas son el alma colorida de este hermético anacoreta.
A Kowalski, quien se lamenta de que los negros e inmigrantes se hayan ido apoderando del vecindario, le cae como baldazo de agua fría ver a su propio hijo al volante de un auto japonés, ya que un verdadero americano conduce un Ford -como su adorado clásico Gran Torino), un Chevrolet o un Chrysler. Un verdadero americano no traiciona a su patria enviando sus dólares a la Toyota a cambio de un auto de plástico. Esta misma fijación con un pasado que lo llevó a la gloria afloraba en amargas palabras contra sus vecinos cada vez que estos perturbaban su paz con música afroamericana, guitarras mexicanas o lengua vietnamita. Todo esto, sin embargo, sería poco al compararse con la osadía de Thao Vang Lor.
Thao, vecino quinceañero de la etnia asiática mong, intenta robarse el preciado Ford Gran Torino del garage de Kowalski. Éste, siempre alerta, en forma y armado hasta los dientes, reduce al pequeño vándalo apuntándolo con un fusil de guerra. No fue el deseo de muerte ni de cárcel lo que primó en ese momento, sino una sensación hasta entonces desconocida que fue tomando forma conforme el indefenso adolescente se daba más a conocer. No robaba por pertenecer a una banda criminal, sino forzado por el bullying que sufría a manos de sus parientes pandilleros, quienes lo amedrentaban para asimilarlo a su mundo de robos, drogas y prostitutas. Un adolescente frágil, inseguro, pobre y huérfano como él, tenía muy poco que elegir y también muy poco que perder. Kowalski, entonces, elige no dispararle y no llamar a la policía, sino que lo condena a visitar su soledad y ayudarlo con la limpieza del auto y otros quehaceres domésticos. El jovencito acepta de muy buena gana y es así que se va materializando una estrecha relación de padre e hijo -o de abuelo y nieto- entre estos dos hombres cuyo único patrimonio en común es habitar grises mundos solitarios.
Así, Kowalski termina ganándose el aprecio de la familia mong, a quienes visita para celebrar un cumpleaños. Las escenas en que el veterano interactúa con los inmigrantes son particularmente jocosas, ya que se hace más que evidente que nunca el punto donde se apoya la mayor grandeza de la película: Kowalski jamás deja de ser quien es. Kowalski es Eastwood mismo y se encuentra por encima de cualquier consideración social, espiritual o política. Aun habiendo aceptado a este muchachito como un hijo -y protegiéndolo con su vida misma- sigue siendo hasta la última escena el mismo viejo cascarrabias que no pierde oportunidad para despotricar contra los negros, mexicanos y asiáticos, y que incluso en sus mayores muestras de generosidad y abnegación, permanece impasiblemente aislado en su pasado glorioso, atrincherado tras su bandera de estrellas y horrorizado ante la vecina que lo maldice en vietnamita y su propio hijo: aquel americano traidor que, alienado de sus raíces spaghetti western, consume el plástico con llantas que produce la industria automotriz del Japón.
https://www.youtube.com/watch?v=__OONmT-Cyg
Con el mismo aplomo con que lanzó su diatriba contra una silla -antojadiza encarnación de Barack Obama en la Convención Republicana de 2012- Clint Eastwood encarna al veterano Walt Kowalski, solitario conservador que disfruta de la paz y el silencio tras décadas de servir a las tropas de la libertad en el mundo. El águila calva, los misiles y la bandera de estrellas son el alma colorida de este hermético anacoreta.
A Kowalski, quien se lamenta de que los negros e inmigrantes se hayan ido apoderando del vecindario, le cae como baldazo de agua fría ver a su propio hijo al volante de un auto japonés, ya que un verdadero americano conduce un Ford -como su adorado clásico Gran Torino), un Chevrolet o un Chrysler. Un verdadero americano no traiciona a su patria enviando sus dólares a la Toyota a cambio de un auto de plástico. Esta misma fijación con un pasado que lo llevó a la gloria afloraba en amargas palabras contra sus vecinos cada vez que estos perturbaban su paz con música afroamericana, guitarras mexicanas o lengua vietnamita. Todo esto, sin embargo, sería poco al compararse con la osadía de Thao Vang Lor.
Thao, vecino quinceañero de la etnia asiática mong, intenta robarse el preciado Ford Gran Torino del garage de Kowalski. Éste, siempre alerta, en forma y armado hasta los dientes, reduce al pequeño vándalo apuntándolo con un fusil de guerra. No fue el deseo de muerte ni de cárcel lo que primó en ese momento, sino una sensación hasta entonces desconocida que fue tomando forma conforme el indefenso adolescente se daba más a conocer. No robaba por pertenecer a una banda criminal, sino forzado por el bullying que sufría a manos de sus parientes pandilleros, quienes lo amedrentaban para asimilarlo a su mundo de robos, drogas y prostitutas. Un adolescente frágil, inseguro, pobre y huérfano como él, tenía muy poco que elegir y también muy poco que perder. Kowalski, entonces, elige no dispararle y no llamar a la policía, sino que lo condena a visitar su soledad y ayudarlo con la limpieza del auto y otros quehaceres domésticos. El jovencito acepta de muy buena gana y es así que se va materializando una estrecha relación de padre e hijo -o de abuelo y nieto- entre estos dos hombres cuyo único patrimonio en común es habitar grises mundos solitarios.
Así, Kowalski termina ganándose el aprecio de la familia mong, a quienes visita para celebrar un cumpleaños. Las escenas en que el veterano interactúa con los inmigrantes son particularmente jocosas, ya que se hace más que evidente que nunca el punto donde se apoya la mayor grandeza de la película: Kowalski jamás deja de ser quien es. Kowalski es Eastwood mismo y se encuentra por encima de cualquier consideración social, espiritual o política. Aun habiendo aceptado a este muchachito como un hijo -y protegiéndolo con su vida misma- sigue siendo hasta la última escena el mismo viejo cascarrabias que no pierde oportunidad para despotricar contra los negros, mexicanos y asiáticos, y que incluso en sus mayores muestras de generosidad y abnegación, permanece impasiblemente aislado en su pasado glorioso, atrincherado tras su bandera de estrellas y horrorizado ante la vecina que lo maldice en vietnamita y su propio hijo: aquel americano traidor que, alienado de sus raíces spaghetti western, consume el plástico con llantas que produce la industria automotriz del Japón.
https://www.youtube.com/watch?v=__OONmT-Cyg
sábado, 25 de mayo de 2019
Esperando Érase una vez... en Hollywood
Ese país tampoco existe hoy porque desde su origen mismo fue precisamente la constante mutación la que lo volvió omnipresente, y tanto mutó que terminó convertido en una secuela de sí mismo.
Érase una vez... en Hollywood nos lleva a través de un agujero de gusano hacia ese mundo fantástico de los sesenta donde Sharon Tate es la rubia coqueta, Bruce Lee se mueve como una saeta invencible, y Charles Manson encarna todos los miedos de una sociedad demasiado embelesada con el placer y la belleza como para aceptar que lo macabro coexiste en la familia de al lado, fiel reflejo de nosotros mismos.
Enamorado locamente del tráiler, no puedo decir más porque no sé más. Necesito verla.
martes, 19 de marzo de 2019
"Ser poeta es pensar el mundo y la vida de una manera distinta, aunque el lenguaje sea nuestro obstáculo"
![]() |
| Fotógrafía: Estefanía P. Lanfranco |
"SER POETA ES PENSAR EL MUNDO Y LA VIDA DE UNA MANERA DISTINTA, AUNQUE EL LENGUAJE SEA NUESTRO OBSTÁCULO"
Entrevista por: Mirtha
Mansilla
Nieto*
Willy Gómez Migliaro es considerado uno de los poetas más importantes del
Perú e Hispanoamérica de las últimas décadas, nació en Lima-Perú
el 13 de agosto de 1968. Ganador del premio hispanoamericano de
poesía Festival de la Lira 2015. Ha dirigido las revistas de poesía
Polvo
enamorado
(1990-1992) y Tokapus
(1993-1996). Así mismo ha publicado los libros de poesía Etérea
(2002), Nada
como los campos
(2003) y La
breve eternidad de Raymundo Nóvak
(2005), todos bajo el sello Hipocampo Editores; Moridor
(Pakarina Ediciones, 2010), Construcción
civil
(Paracaídas Editores, 2013), Nuevas
Batallas
(Arteidea Editores, 2013), Pintura
roja
(Paracaídas Editores, 2016) Lírico
puro
(Hipocampo Editores, 2017), Construcción
civil
(De La Lira Ediciones. Cuenca, Ecuador, Junio 2017), Nuevas
Batallas,
reedición en México (Mantis Editores, 2017), Lírico
puro
reedición en Chile (Editorial Deriva, 2018). Este 2019 se reeditarán
en México, Chile y Colombia Moridor
& otros poemas.
Entre
los libros de investigación ha sido compilador del libro OPEMPE,
relatos orales asháninka y nomatsiguenga
(Editorial AndesBook, 2009) y Cholos,
13 poetas peruanos nacidos entre el 70 y el 90 (Catafixia,
2014).
Sus
poemas han aparecido en importantes revistas hispanoamericanas y
europeas. Ha sido publicado en diferentes antologías de poesía
nacionales e internacionales. Actualmente es profesor de literatura,
escritura creativa y asesor literario.
- ¿En qué momento de tu vida descubriste al poeta que hay en ti?
Desde
niño escuchaba voces y cantos en mi mente. El miedo me acechaba, así
que un día me vi escribiendo. No sabía qué era la poesía (creo
que hasta ahora no lo sé) menos lo que era un poema. Solo sabía que
mientras escribía, era un niño feliz como hasta ahora. A los
catorce años visité los talleres de poesía de la UNMSM y ahí
conocí y escuché por primera vez a los poetas Marco Martos, Pablo
Guevara, Hildebrando Pérez quienes me abrieron un panorama sobre
poesía. Luego, con los años, me junté a Washington Delgado,
Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza, Juan Ramírez Ruiz, Enrique
Verástegui, Dalmacia Ruíz Rosas, Róger Santiváñez, Domingo de
Ramos y Montserrat Álvarez. Todos grandes poetas de quienes aprendí
que yo debería ser el mejor. Vivo agradecido, aunque ahora ya no
aporten nada a mi escritura poética.
- En tu opinión, ¿Qué es ser poeta?
Ser
poeta es pensar el mundo y la vida de una manera distinta, aunque el
lenguaje sea nuestro obstáculo. Así de simple.
- ¿Hacia dónde crees que va tu escritura poética? ¿Qué tan controversial es tu escritura?
Alguna
vez dije, y me reafirmo, que mi escritura va de
un Frankenstein a otro Frankenstein; por lo tanto,
siempre estará perdida en el universo por más que yo sienta que es
un acto y un discurso esencialmente político o de que me apodero de
la realidad toda. Esa es su controversia.
- ¿Cómo es tu proceso de creación al escribir poemas?
Siempre
estoy escribiendo, aunque no necesariamente poemas. No hacerlo sería
mi primera muerte. Desde que despierto mi mente es una maquina
poética. La salud es primero en mi proceso de concebir el poema. El
desayuno, donde un buen café fluya por mis venas, un par de panes
con queso o mantequilla, suficiente. Frutas y frutos secos. El
almuerzo es importante, y si es pescado con ensaladas, mejor. Claro
está, la espumante cerveza fría. Hacia las seis de la tarde
meditación, caminata y luego hablar por video cámara whatsApp con
mis amados hijos Andrés y Álvaro. Amar, amar intensamente. Todo eso
es mi ritual.
- De todos tus libros, ¿con cuál te sientes más satisfecho? ¿Por qué?
Ninguno
de mis libros de poemas me gusta, y menos me releo. Soy terriblemente
insatisfecho, pienso que no hubo una buena construcción con aquello
que publiqué. Siento que no termino el poema que deseo y que sigo
escribiendo. Sin embargo, allí están mis libros que son de otros.
- ¿Cómo crees que la poesía ha ido evolucionando hasta nuestros días?
La
construcción del lenguaje de la poesía enloquece a uno, y esa es su
evolución indestructible. La poesía, oscura y subversiva, desde
Homero, es una guerra constante. Lo he dicho en otras entrevistas: la
poesía es lo que nos pasa todos los días. En mi libro Nuevas
batallas están
escritas algunas reflexiones sobre la poesía y su evolución en el
mundo. Poesía es revolución.
- Sé que estás preparando un libro, ¿nos puedes contar un poco sobre ello?
Tokapus
es
un libro de poemas que empecé a escribir desde el año 2015 y que
creo haber finalizado el 2018 del año pasado cuando estuve viviendo
en Paucartambo-Cusco. Es un extenso poema de amor de los peruanos
(eso creo) y de lo que hemos heredado como Colonia. Son cantos de un
profesor de Historia del Perú de educación secundaria, verborreíco,
desolado y alcohólico, pero lleno de esperanzas. Un libro de 300
páginas construido desde nuestras mentiras como peruanos y que
termina (vaya pretensión) con un extenso canto sinfónico
pre-colombino. Ni yo mismo sé lo que he hecho. Será un libro que no
publicaré definitivamente, sino que será entregado a algunos amigos
como regalo o tal vez lo done a alguna universidad.
- En tu libro de poemas Pintura roja despliegas los colores y sus contrastes para producir un lenguaje lleno de imágenes. Sé que partiste de un ensayo sobre el arte de la pintura. ¿Cuán cierto es eso?
Las artes plásticas
o la pintura siempre me fascinaron. Hacia 2010 encontré algunos
ensayos que creí perdidos en uno de mis cuadernos sobre los grandes
pintores clásicos. Había uno de Rembradt, Caravaggio, Monet y el
cuarto del gran pintor peruano a quien admiro David Herskovitz.
Eran ensayos apasionados donde el discurso del color y el movimiento
volaban. Cuando intenté corregir, los ensayos se fueron
metamorfoseando, y de pronto pasé de la Escuela cusqueña a la
plástica de los años 80 en el Perú; de Cézanne a Wilfredo Lam;
del surrealismo de Max Ernst al expresionismo alemán de Kirchner; y
de las instalaciones “posmodernas” de Tim Rollins o Richar Prince
al romanticismo de Delacroix. Cada viaje que yo hacía era obligado
recaer en algún museo, así que mientras escribía Pintura
roja,
me sentía un pintor o en su efecto, creía ser un curador montando
una muestra en mi propia galería. Así nació Pintura
roja,
del robo de imágenes. Recuerdo haber estado en un estado de
excitación, locura y placer mientras escribía este libro de poemas.
- Ganaste uno de los premios más importes el Premio Hispanoamericano de Poesía La Lira de Oro con tu libro de poemas Construcción civil en el 2015. Cuéntanos esa experiencia.
Es
un premio importante, qué duda cabe, pero yo no creo en los premios
literarios. Sin embargo, la alegría fue inmensa. En el 2015
Margarita, la madre de mis hijos, hizo el envío de cinco libros de
Construcción
Civil
editado bellamente en el 2013 por Paracaída Editores de mi amigo
Juan Pablo Mejía. Solo supe que lo había enviado cuando salieron,
meses después, los 11 finalistas. Luego la llamada del presidente
del Festival de La Lira en la que se me comunicaba que me había
alzado con el premio; inmediatamente a viajar para la premiación,
luego los viajes, las entrevistas; en fin toda una locura para quien
nunca en su vida se había ganado, ni siquiera, una rifa de sorteo.
- Has vivido varios años en comunidades asháninkas y nomatsiguengas de la Selva central del Perú. ¿Qué aprendiste de ellos y cómo influyó en tu escritura?
Fue
en el 2008 que me fui a las comunidades de la Amazonía Central del
Perú, gracias a mi amiga Jhenny Muñoz Hilares, dirigente asháninka
y teniente alcaldesa del Distrito de Río Negro en la ciudad de
Satipo, quien me invitó. En un principio ella tenía en mente
realizar un documental sobre los desplazamientos y retorno de los
asháninkas y los nomatsiguengas a sus comunidades de origen después
de terminada la guerra que lideraron los grupos levantados en armas
Sendero Luminoso y el MRTA contra el estado peruano y su falsa
democracia. Yo iba a escribir el guion, sin embargo, no advertimos el
gran dolor que había en nuestros hermanos. Lo que percibí era que
ellos solo querían olvidar y vivir el reencuentro con sus
familiares. Estaban buscándose todavía. Una noche mientras viajaba
a una comunidad notmasiguenga a donde mi amigo el dibujante y pintor
Mabanga Kasanyo (Domingo Casancho) me había invitado, tuve una
visión y me convertí en un recolector de relatos, mitos, leyendas
amazónicas asháninka & nomatsiguenga. Producto de esa aventura
y en complicidad con profesores bilingües de dichas comunidades y
agrupados en AMABICEC, publiqué un libro llamado OPEMPE, Oshintsinka
noñane (El poder de mi lengua). La filosofía amazónica de la selva
central del Perú, estrechamente ligada a la conjunción con la
naturaleza, sigue constituyéndose, también, en un aporte a la
antropología, sociología, literatura, lingüística y demás
disciplinas. Allí aprendí a escuchar y a tener el respeto por el
otro. Definitivamente esa forma de contar de los asháninkas y los
notmasiguengas fragmentó mi forma de escribir poemas.
- En el 2018 viviste en Cusco. ¿Cómo ha sido tu experiencia de docente en Paucartambo y Sunchubamba?
Mi
relación con el mundo andino viene por mi abuela Isabel Tello,
oriunda de Abancay y de mis lecturas de las obras de José María
Arguedas. Llegué al Cusco casi huyendo de Lima. Había mucha pena en
mí. Además ya mantenía conversaciones desde enero del 2018 con mi
amigo el poeta Osman Alzawihiri quien vivía en Sunchubamba y
trabajaba como profesor en la comunidad de Ninamarca. Fue él quien
me animó a venir a Paucartambo a despenarme, y así lo hice.
Inmediatamente busqué la ayuda necesaria en los ancianos y maestros
quienes me guiaron por el buen sendero. Luego me hice maestro rural
en la I.E. Gral. Juan Velazco Alvarado de Sunchubamba; a la vez
alternaba mis investigaciones con las máscaras de Paucartambo del
artista y colega Eloy Cuadros, así mismo con mis alumnos nos
volvimos recolectores de mitos, leyendas, relatos de la provincia de
Paucartambo. Toda la filosofía andina se apareció en mí de forma
natural, sin embargo, ya no era el mundo de mi abuela ni el mundo de
Arguedas. Mi visión romántica despertó hacia el mundo real de las
brechas sociales, de la ilegalidad, de lo inclasificable que logramos
ser en nuestros procesos de identidad y del olvido en que nuestras
provincias siguen creciendo o destruyéndose desde dentro.
- ¿Crees que se debe separar al ser humano de su obra poética?
En
estos tiempos modernos o posmodernos o como quieras llamarlo, no
podemos seguir teniendo la visión arcaica del poeta. Entendamos que
éste es un ser humano como cualquier hijo de vecino y no lo exime de
ninguna responsabilidad frente a sus actos. Yo detesto la estupidez
humana.
- ¿Qué esperas lograr como escritor o poeta?
La
poesía me enseña a dar o entregar, y trabajo duro para reproducirme
en esa visión bellamente política. Como escritor y poeta, en
verdad, no espero nada.
***
*Mirtha Rosario Mansilla Nieto
(Lima-Perú, 18 de enero de 1 971) Ha sido publicada virtualmente en
el blog literario del poeta Willy Gómez Migliaro, “Lamula.pe”,
en el blog “Ángeles del Papel”, de Michael Jiménez Melchor y en
diferentes páginas peruanas y extranjeras que difunden la poesía.
Ha participado en diferentes recitales de la ciudad de Lima, como;
“Festival Amarte” en Feria de Libro Amazonas del Cercado de Lima,
en el XIII Recital de poesía “Palabras sin Fronteras” de la
Universidad Ricardo Palma y en los Viernes Literarios de Juan
Benavente Díaz. Ha sido publicada en Palabra en Libertad y sed de
trotamundos de “Amantes del País Ediciones” cuyo director es
José Beltrán Peña, así como en las antologías de los libros
“Versos en su Tinta” y “Amor poético” de Sociedad peruana de
poetas” selección de Martha Crosby Crosby. Publica su primer
poemario Otoño
en diciembre
(Ángeles del Papel Editores, 2018).
Libertad de pensamiento: cero
![]() |
| Fotografía: Rubi Andrade |
La izquierda adora todo tipo de diversidad, menos la de pensamiento.
Los progresistas se han convertido en los nuevos victorianos, incapaces de tolerar o siquiera ignorar a quienes no comparten sus ideas. Desde su pedestal, necesitan gritar su supuesta superioridad moral a los cuatro vientos. Como diría aquel meme sobre Star Wars: "Se han convertido en aquello que juraron destruir".
Algún día comprenderemos que todos somos iguales, sin excepción. Algún día estos cavernícolas de la intelectualidad se darán un encontronazo de cabeza contra el mundo real y sabrán que este planeta, donde habita gente de toda clase, no les pertenece. Tampoco les pertenecen la academia, las bellas artes, la literatura, ni la política. La burbuja intelectual en la que se desenvuelven encierra mucha, muchísima miseria humana.
Cuidémonos siempre de votar por individuos capaces de semejante arrogancia y autoritarismo en las aulas de una universidad. Me pregunto qué harían estos mismos sujetos en los ministerios, el Congreso y la Presidencia.
La libertad de expresión, La polla records y Mecano
![]() |
Fotografía: Fernando Alvarado
|
Hablemos sobre rock y pop hispano.
Mientras que canciones de Mecano como Naturaleza muerta llegaron a convertirse en himnos para mis oídos, nunca soporté a La Polla Records. Para mi gusto, su sonido fue siempre demasiado punk, y sus letras, demasiado políticas. Lo que me encanta de esta vieja banda es su atrevimiento. En 1979 saltaron a los escenarios reventando de euforia y rabia, haciendo oídos sordos a todos los sectores de la crítica e involucrándose en mil problemas por seguir en sus trece, hasta su separación en 2003 debido a "una bronca estúpida entre niños de 40 años", como define el vocalista Evaristo Páramos.
(A quienes no conocen cómo funciona el mundo de los músicos, escritores y otros artistas, les diré que borren de sus mentes cualquier imagen de madurez que puedan albergar. En lugar de eso, imaginen un aula de sexto de primaria donde encierran a los preadolescentes más despiertos, pero más insoportables de todo el colegio. Eso, en esencia, es lo que somos).
En palabras de Evaristo Páramos:
"La izquierda se ha azucarado y la derecha se está lanzando. El espectro político lo hemos movido hacia ese lado y el centro ya no está donde estaba, hemos vuelto de 'El Planeta de los Simios' y ha cambiado la historia".
Ante las quejas de los jóvenes políticamente correctos sobre el nombre de la banda:
"Lo de la polla es muy machista, ¿no? Bueno, que no me prohíba la izquierda lo mismo que me prohibía la Guardia Civil, porque conmigo ya llegan tarde. Me molesta que me ordenen que cambie mi lenguaje, para mí eso es lo último. A cuenta del rollo religioso, del franquismo y del pueblo, me costó tanto decir 'hijo de puta' que ahora no pienso quitarme".
Es esta misma izquierda joven y privilegida -muchas veces furiosa sin razón alguna- la que armó un escándalo por una antigua canción de Mecano donde aparece el término "mariconez".
María Villar y Miki, dúo concursante de un concurso televisivo de covers, debían cantar Quédate en Madrid, tema de Mecano, y anunciaron, tajantes, que reemplazarían esa palabra. "Yo no voy a decir 'mariconez' porque es un insulto muy homófobo". La banda de Ana Torroja presentó su canción en 1988, como parte de su álbum Descanso dominical, y "si bien saltó la censura de su época, parece que no ha sobrevivido al cambio de milenio. ¿Es que ha envejecido tan mal la canción del grupo madrileño o es víctima de la corrección política mal entendida? La polémica, como siempre, se ha trasladado de la academia a las redes sociales", señala la periodista Noelia Fariñas.
(Las cosas en las que pierde el tiempo la academia. Esas nimiedades deberían dejárnoslas a los profanos en las redes sociales).
Continúa Fariñas en su entrevista a Ana Torroja para El país:
"Muchos aplauden la decisión de la joven madrileña, mientras que otros lo consideran una exageración. La respuesta más reveladora llegaría de la mano de la intérprete original, y miembro del jurado de esta edición, Ana Torroja. 'Mecano, tanto como grupo, como cada uno por separado, siempre ha defendido la diversidad, el amor libre, la libertad de expresión y un largo etc., y además tiene uno de los himnos más bellos escritos nunca defendiendo el amor homosexual: Mujer contra mujer', explicaba en la foto en Instagram que ha publicado la artista en las últimas horas. 'No confundamos insulto homófobo con expresión coloquial. Cuando la expresión dice: siempre los cariñitos me han parecido una mariconez, quiere decir que siempre los cariñitos le han parecido una tontería, bobada, estupidez y hasta cursilería'".
(Al final, Ana Torroja y los exMecano, veteranos tanto de la música hispana como de la libertad sexual, hicieron prevalacer el derecho de autor y no permitieron que se cambiara la letra a su canción. Mientras María y su compañero Miki cantaban, él tuvo que pronunciarla y varios chicos y chicas del público cantaron "estupidez" para tapar esa palabra que ahora les suena a conjuro diabólico. Ana Torroja vigilaba cuidadosamente desde sus audífonos que no se les ocurriera a este par de principiantes incumplir con el contrato y censurar su tema de 1988).
A mí me parece absurdo que la vocalista de una banda ya extinta tenga que aclarar puntos así de ociosos para una generación tan suceptible como enfrascada en las banalidades del idioma.
¿En qué diablos nos estamos convirtiendo?
En la foto, el rostro de Evaristo lo dice todo.
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