jueves, 6 de diciembre de 2018

Living On My Own



Soy desorejado y flojo para la música, un arte que solo disfruto por periodos. Rara vez en mi vida he escuchado un álbum completo y la mayor parte de las canciones que me acompañan hoy son las mismas que conocí durante mi adolescencia.

En 1993 me atrapó para siempre este alegre y desgarrador remix en la voz de Mercury. Aunque nunca fui fan de Queen, Living On My Own entró a mi playlist en la época del walkman, pasó por el discman, el reproductor de mp3 y hoy suena en mi teléfono. Es un techno disonante entre mi eterna colección de grunge, country, metal y rock en español.

Mientras que el sonido es por demás festivo, su letra es dolorosamente confesional: describe de forma genialmente concisa el sentir de quien adora su soledad y huye del mundo. A veces, sin embargo, es una soledad que duele y no se cura con compañía alguna. Es más, se siente peor cuando estás rodeado de personas. Tal vez es común cuando tienes quince años, eres introvertido, enamoradizo y tu cabeza anda siempre por las nubes.

Esta tarde, entusiasmado al oír a mi hija cantar Bohemian Rhapsody, le mostré mi canción. No le gustó. La atrae más el Mercury melódico que el sintetizado. Así, mientras veo formarse en ella gustos musicales de niña grande (va pasando de Five Nights at Freddy’s a Imagine Dragons), me pregunto qué canciones marcarán su adolescencia y permanecerán a su lado atravesando diversos formatos aún por inventarse ¿Será acaso de las personas que escuchan álbumes enteros y enriquecen su biblioteca musical continuamente? Solo el tiempo lo dirá. En el espectro atemporal de mi música, el remix de Living On My Own permanecerá como un sonido intruso que jamás se convirtió en eco.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Recital en el Malecón de Amistad


¡Todos invitados! Julio BarcoAlex Suyo y yo presentaremos nuestros libros. Grandes voces como Enrico Diaz BernuyYtalo Aparicio y Fausto Cotrina se encargarán de que la noche sea un gran homenaje a la poesía. Habrá también música y artes escénicas por Anghel DiazGenova Cordova y Celeste Suárez. Una bella experiencia de fin de año.

sábado, 17 de noviembre de 2018

De vuelta al taller


He sido un apasionado de la literatura y las bellas artes toda mi vida, por lo que he llegado a conocerlas muy bien, pero no me siento a gusto en eventos culturales. Prefiero no asistir y disfrutar de mis libros en casa. Lo curioso es es que no sabiendo absolutamente nada de mecánica, me siento como en casa siempre que vengo al taller. Soy un feliz estorbo entre la grasa, los fierros y maestros de overol que sí saben lo que hacen. Tal vez siempre vi la literatura como un delicioso disfrute que solo puede alcanzarse a solas y en mi propia habitación, mientras que la única forma de gozar la motocicleta es saliendo de casa.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Cien años de letras y deportes de riesgo


De algún autor leí que compartir actividades favoritas con tus hijos equivale a criar amigos. Lo recordé días atrás cuando mi hija y yo la pasamos hablando de cuentos, jugando videojuegos y montando skateboard. Un día perfecto. Y es que mis actividades favoritas no han cambiado (es algo más que noté).

Cuando era niño y adolescente, siempre huí de los juegos de equipo. Aunque disfrutaba de la competencia uno a uno -como en las artes marciales y los juegos de video- eran los momentos a solas en los que me recargaba de energía por completo. Así, me resultaba mucho más placentero perderme solo en el skateboard por las calles cuando ya el último de mis amigos se había ido a casa, y era en las carreras contra mí mismo en bicicleta donde ganaba mis mayores victorias. Luego, llegaría la moto -mi mayor juguete- a robarme por completo el corazón y la razón.

A veces creo ver en mi hija esa chispa de sociabilidad que ni su madre ni yo tenemos. Otras, soy testigo de su dicha cuando está sola. Pienso también en que llevamos en los genes mucho más que el color de la piel y las lumbalgias: nadie en mi familia es dotado para los números, ni las ciencias. Venimos de una larga estirpe de abogados y otros cabezas de libro. Y mi hija definitivamente lo es. Su lado físico se manifiesta arriesgando el pellejo: nosotros necesitamos que el deporte sea de verdad peligroso para disfrutarlo. Es decir, si no puedes matarte practicándolo, no tiene gracia. Su imaginación yace en las páginas. Sin embargo, ¿quién sabe lo que escogerá en el futuro?

Mi hermano mayor hizo conocer a su hija la literatura y otras artes -la zona de comfort de la familia- desde pequeña, y en todas sobresalió. Pasó así por el ballet, el dibujo, el canto, el violín… y el fútbol. ¿Saben qué carrera escogió al final? No lo creerían: ingeniería mecatrónica. Será la primera en la familia con dominio sobre las matemáticas y los circuitos.

Mientras mi hija esté aún tan lejos de escoger una profesión, seguiré fantaseando -al igual que hacía mi hermano- con que será una gran pintora o novelista. Tal como hizo él, me encargaré también de mostrarle universos desconocidos para mí, ya que tal vez de esa forma hallará su propia zona de comfort y sus propias pasiones. Por lo pronto, ella baila, un arte que yo jamás practico.

Seguiremos arriesgando el pellejo juntos en las pistas, hija, dibujando y escribiendo poemas hasta que se apague mi vida, y así se repetirá en la historia, por los siglos de los siglos. Tal vez.

sábado, 15 de septiembre de 2018

domingo, 9 de septiembre de 2018

Continúa la captura


Me siento muy agradecido con mis lectores por la gran acogida de Capturas de escafandra en la FIL Lima y FIL Cusco. Ahora también en la FIL Tarapoto.


Mi libro se encuentra en Librería SurLibrería El VirreyLibreria RocinanteEditorial ApogeoCalle de Libros y directamente a mi correo. Un gran abrazo a todos.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Poesía completa de José María Eguren


Y soñé, de un templete bajaban
dos dulces bellezas matinales;
y oí melancólicas hablaban
de las nobles dichas forestales.

José María Eguren inventó una minicámara fotográfica del tamaño de un dedal con la que capturaba retratos y paisajes circulares de apenas un centímetro. Sus fotografías y pinturas vienen a ser apenas la punta del iceberg de los universos que expandió por medio de las letras, donde al no existir estímulos visuales -pero tampoco las limitaciones a las que nos condicionan dichos estímulos- el lector debe construir sus propias imágenes.
Como buen amante obseso de la estética, supo coronar sus obras con títulos que terminaban de envolver el concepto de cada una. Tres muestras de ello son Simbólicas, Rondinelas y La canción de las figuras. Los cabos sueltos no existen en el universo de Eguren, ya que sus diminutas fotografías, su estilizada pintura y su orfebrería verbal apuntan todas en una sola dirección: fuera de este mundo. Sus títulos bien nos lo advierten.
Obstinado solitario, de aquellos que solo encuentran goce en el silencio de su propia obra, se mantuvo siempre apartado de la intelectualidad de su generación, así como del ambiente literario. Prefería él caminar solo por las afueras de Lima, incontaminado y reconfortado por su minicámara y su libreta de apuntes, a veces también cargando con un lienzo y sus pinceles.
Me pregunto si aquella distancia que marcó del resto de seres humanos tuvo que ver con la unicidad de sus composiciones. Es lo yo que percibo al sumergirme en esos mundos paralelos que parecen siempre abrirse por primera vez ante el lector. Sus escritos son lo más parecido a una selva virgen que se pueda encontrar en poesía, y aun después de revisitarlos, nos siguen dejando en la boca un sabor a nuevo, a incorrupto, a lo que nunca antes fuera tocado por el goce de los sentidos. Quizá por eso enamora tanto la poesía de Eguren: es un libro mágico que solo existe al abrirlo y que vuelve a la no existencia cuando lo cerramos, o como en mi caso, cuando nos quedamos dormidos leyéndolo.

MARCHA FÚNEBRE DE UNA MARIONETTE
Suena trompa del infante con aguda melodía... 
la farándula ha llegado de la reina Fantasía; 
y en las luces otoñales se levanta plañidera 
la carroza delantera. 
Pasan luego, a la sordina, peregrinos y lacayos 
y con sus caparazones los acéfalos caballos; 
va en azul melancolía 
la muñeca. ¡No hagáis ruido!; 
se diría, se diría 
que la pobre se ha dormido. 
Vienen túmidos y erguidos palaciegos borgoñones 
y los siguen arlequines con estrechos pantalones. 
Ya monótona en litera 
va la reina de madera; 
y Paquita siente anhelo de reír y de bailar, 
flotó breve la cadencia de la murria y la añoranza; 
suena el pífano campestre con los aires de la danza. 
¡Pobre, pobre marionette que la van a sepultar! 
Con silente poesía 
va un grotesco Rey de Hungría 
y lo siguen los alanos; 
así toda la jauría 
con los viejos cortesanos. 
Y en tristor a la distancia 
vuelan goces de la infancia, 
los amores incipientes, los que nunca han de durar. 
¡Pobrecita la muñeca que la van a sepultar! 
Melancólico un zorcico se prolonga en la mañana, 
la penumbra se difunde por el monte y la llanura, 
marionette deliciosa va a llegar a la temprana 
sepultura. 
En la trocha aúlla el lobo 
cuando gime el melodioso paro bobo. 
Tembló el cuerno de la infancia con aguda melodía 
y la dicha tempranera a la tumba llega ahora 
con funesta poesía 
y Paquita danza y llora.