domingo, 25 de noviembre de 2018

Recital en el Malecón de Amistad


¡Todos invitados! Julio BarcoAlex Suyo y yo presentaremos nuestros libros. Grandes voces como Enrico Diaz BernuyYtalo Aparicio y Fausto Cotrina se encargarán de que la noche sea un gran homenaje a la poesía. Habrá también música y artes escénicas por Anghel DiazGenova Cordova y Celeste Suárez. Una bella experiencia de fin de año.

sábado, 17 de noviembre de 2018

De vuelta al taller


He sido un apasionado de la literatura y las bellas artes toda mi vida, por lo que he llegado a conocerlas muy bien, pero no me siento a gusto en eventos culturales. Prefiero no asistir y disfrutar de mis libros en casa. Lo curioso es es que no sabiendo absolutamente nada de mecánica, me siento como en casa siempre que vengo al taller. Soy un feliz estorbo entre la grasa, los fierros y maestros de overol que sí saben lo que hacen. Tal vez siempre vi la literatura como un delicioso disfrute que solo puede alcanzarse a solas y en mi propia habitación, mientras que la única forma de gozar la motocicleta es saliendo de casa.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Cien años de letras y deportes de riesgo


De algún autor leí que compartir actividades favoritas con tus hijos equivale a criar amigos. Lo recordé días atrás cuando mi hija y yo la pasamos hablando de cuentos, jugando videojuegos y montando skateboard. Un día perfecto. Y es que mis actividades favoritas no han cambiado (es algo más que noté).

Cuando era niño y adolescente, siempre huí de los juegos de equipo. Aunque disfrutaba de la competencia uno a uno -como en las artes marciales y los juegos de video- eran los momentos a solas en los que me recargaba de energía por completo. Así, me resultaba mucho más placentero perderme solo en el skateboard por las calles cuando ya el último de mis amigos se había ido a casa, y era en las carreras contra mí mismo en bicicleta donde ganaba mis mayores victorias. Luego, llegaría la moto -mi mayor juguete- a robarme por completo el corazón y la razón.

A veces creo ver en mi hija esa chispa de sociabilidad que ni su madre ni yo tenemos. Otras, soy testigo de su dicha cuando está sola. Pienso también en que llevamos en los genes mucho más que el color de la piel y las lumbalgias: nadie en mi familia es dotado para los números, ni las ciencias. Venimos de una larga estirpe de abogados y otros cabezas de libro. Y mi hija definitivamente lo es. Su lado físico se manifiesta arriesgando el pellejo: nosotros necesitamos que el deporte sea de verdad peligroso para disfrutarlo. Es decir, si no puedes matarte practicándolo, no tiene gracia. Su imaginación yace en las páginas. Sin embargo, ¿quién sabe lo que escogerá en el futuro?

Mi hermano mayor hizo conocer a su hija la literatura y otras artes -la zona de comfort de la familia- desde pequeña, y en todas sobresalió. Pasó así por el ballet, el dibujo, el canto, el violín… y el fútbol. ¿Saben qué carrera escogió al final? No lo creerían: ingeniería mecatrónica. Será la primera en la familia con dominio sobre las matemáticas y los circuitos.

Mientras mi hija esté aún tan lejos de escoger una profesión, seguiré fantaseando -al igual que hacía mi hermano- con que será una gran pintora o novelista. Tal como hizo él, me encargaré también de mostrarle universos desconocidos para mí, ya que tal vez de esa forma hallará su propia zona de comfort y sus propias pasiones. Por lo pronto, ella baila, un arte que yo jamás practico.

Seguiremos arriesgando el pellejo juntos en las pistas, hija, dibujando y escribiendo poemas hasta que se apague mi vida, y así se repetirá en la historia, por los siglos de los siglos. Tal vez.

sábado, 15 de septiembre de 2018

domingo, 9 de septiembre de 2018

Continúa la captura


Me siento muy agradecido con mis lectores por la gran acogida de Capturas de escafandra en la FIL Lima y FIL Cusco. Ahora también en la FIL Tarapoto.


Mi libro se encuentra en Librería SurLibrería El VirreyLibreria RocinanteEditorial ApogeoCalle de Libros y directamente a mi correo. Un gran abrazo a todos.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Poesía completa de José María Eguren


Y soñé, de un templete bajaban
dos dulces bellezas matinales;
y oí melancólicas hablaban
de las nobles dichas forestales.

José María Eguren inventó una minicámara fotográfica del tamaño de un dedal con la que capturaba retratos y paisajes circulares de apenas un centímetro. Sus fotografías y pinturas vienen a ser apenas la punta del iceberg de los universos que expandió por medio de las letras, donde al no existir estímulos visuales -pero tampoco las limitaciones a las que nos condicionan dichos estímulos- el lector debe construir sus propias imágenes.
Como buen amante obseso de la estética, supo coronar sus obras con títulos que terminaban de envolver el concepto de cada una. Tres muestras de ello son Simbólicas, Rondinelas y La canción de las figuras. Los cabos sueltos no existen en el universo de Eguren, ya que sus diminutas fotografías, su estilizada pintura y su orfebrería verbal apuntan todas en una sola dirección: fuera de este mundo. Sus títulos bien nos lo advierten.
Obstinado solitario, de aquellos que solo encuentran goce en el silencio de su propia obra, se mantuvo siempre apartado de la intelectualidad de su generación, así como del ambiente literario. Prefería él caminar solo por las afueras de Lima, incontaminado y reconfortado por su minicámara y su libreta de apuntes, a veces también cargando con un lienzo y sus pinceles.
Me pregunto si aquella distancia que marcó del resto de seres humanos tuvo que ver con la unicidad de sus composiciones. Es lo yo que percibo al sumergirme en esos mundos paralelos que parecen siempre abrirse por primera vez ante el lector. Sus escritos son lo más parecido a una selva virgen que se pueda encontrar en poesía, y aun después de revisitarlos, nos siguen dejando en la boca un sabor a nuevo, a incorrupto, a lo que nunca antes fuera tocado por el goce de los sentidos. Quizá por eso enamora tanto la poesía de Eguren: es un libro mágico que solo existe al abrirlo y que vuelve a la no existencia cuando lo cerramos, o como en mi caso, cuando nos quedamos dormidos leyéndolo.

MARCHA FÚNEBRE DE UNA MARIONETTE
Suena trompa del infante con aguda melodía... 
la farándula ha llegado de la reina Fantasía; 
y en las luces otoñales se levanta plañidera 
la carroza delantera. 
Pasan luego, a la sordina, peregrinos y lacayos 
y con sus caparazones los acéfalos caballos; 
va en azul melancolía 
la muñeca. ¡No hagáis ruido!; 
se diría, se diría 
que la pobre se ha dormido. 
Vienen túmidos y erguidos palaciegos borgoñones 
y los siguen arlequines con estrechos pantalones. 
Ya monótona en litera 
va la reina de madera; 
y Paquita siente anhelo de reír y de bailar, 
flotó breve la cadencia de la murria y la añoranza; 
suena el pífano campestre con los aires de la danza. 
¡Pobre, pobre marionette que la van a sepultar! 
Con silente poesía 
va un grotesco Rey de Hungría 
y lo siguen los alanos; 
así toda la jauría 
con los viejos cortesanos. 
Y en tristor a la distancia 
vuelan goces de la infancia, 
los amores incipientes, los que nunca han de durar. 
¡Pobrecita la muñeca que la van a sepultar! 
Melancólico un zorcico se prolonga en la mañana, 
la penumbra se difunde por el monte y la llanura, 
marionette deliciosa va a llegar a la temprana 
sepultura. 
En la trocha aúlla el lobo 
cuando gime el melodioso paro bobo. 
Tembló el cuerno de la infancia con aguda melodía 
y la dicha tempranera a la tumba llega ahora 
con funesta poesía 
y Paquita danza y llora.

martes, 21 de agosto de 2018

El romancero gitano


Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene,
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.

Son estos los primeros versos que leí del Romancero gitano. Es la única memoria bonita que me dejaron cinco años de literatura en la secundaria, y todavía recuerdo cómo renegué al ver que en todo el libro no había un solo poema más de aquel misterioso escritor español. Cuando terminé de leer el poema completo -Preciosa y el aire- pensé: “¿¡Qué demonios es esto!? ¡es mejor que Eguren!” y tuve que comprarlo, o más bien pedirle a papá que lo comprara, ya que tenía doce años por aquel entonces y era papá quien compraba todo. Ese fue el inicio de mi eterna devoción por Don Federico García Lorca.
Preciosa y el aire es la historia de horror -bellamente disfrazada de canción de cuna- en la que el viento queda fascinado ante la belleza de Preciosa, la bella joven gitana que caminaba por el bosque. Trata de seducirla y solo logra que la muchacha salga corriendo aterrorizada. De testigo se encuentra el mismo San Cristóbal, aquel que cargó al Niño Jesús a través de un río, pero él no hace nada por socorrerla:
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira a la niña tocando
una dulce gaita ausente

Es con esta misma belleza y esta misma calma que Lorca nos narra una serie de episodios oscuros entre los que brillan la infidelidad, el incesto, el odio racial y el homicidio, motivado éste último en poemas como Reyerta por la rivalidad entre familias gitanas:
Juan Antonio el de Montilla
rueda muerto la pendiente,
su cuerpo lleno de lirios
y una granada en las sienes
(...)
Señores guardias civiles;
aquí pasó lo de siempre.
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses

Yo me imagino a Lorca como una suerte de flautista de Hamelin. Va hipnotizando a sus lectores con la dulzura de su flauta poética -casi toda hecha de octosílabos en estricta clave de romance- mientras los lleva a lugares donde jamás ellos hubiesen aceptado acompañarlo en sus cinco sentidos.
Lean esta descripción del paisaje en la historia de Preciosa:
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

Y ahora terminemos con la historia. Observen aquí cómo Lorca no deja de pintar un bosque con detalles tan precisos que al final tenemos un cuadro listo para colgar en la pared. Con esa misma precisión nos narra el desenlace:
Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso muerde.

La hermética nación gitana, impenetrable por sus cuatro costados, se nos abre aquí como una rosa trágica, aunque sin dejar la alegre guitarra, los tambores y las castañuelas, que no paran de sonar hasta el final del poemario. Todo en el Romancero gitano tiene la cadencia del flamenco. Lleva también los pies descalzos y el pañuelo en la cabeza. Si tuviese que dar forma humana a la sexualidad que rebalsa esta canción poética, diría que viste a la usanza de fiesta gitana, cuidándose muchísimo de no mostrar los tobillos pero sí un escote que ni las chicas occidentales se atreverían. Repito lo que dije a los trece años: “¿¡Qué demonios es esto!?”
Los dejo con una introducción de la españolísima escritora Esperanza Ortega:
“El Romancero gitano es una de las creaciones líricas más significativas del siglo XX. Punto culminante de la primera etapa estética de Lorca, el propio poeta lo define como el poema de Andalucía, y lo llamó gitano porque el gitano es lo más elevado, lo más profundo, más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza y universal. Es, sin embargo, un libro donde apenas sí está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblando la que no se ve: un libro antipintoresco, antifolclórico, antiflamenco…, donde las figuras sirven a fondos milenarios y donde no hay más que un personaje grande y oscuro como un cielo de estío… la Pena”.
POSDATA
Mi noviecita de aquel entonces era otra enfermita de la literatura, quien me contó que había vivido enamorada de Lorca desde los seis años. Tenía todos sus libros porque su papá era tan engreidor como el mío y se los había comprado todos. El día que la conocí, traté de impresionarla hablándole de libros. Ella me contó de su secreto amor por un escritor español que no solo era un genio sino que salía guapísimo en sus fotos en blanco y negro.
-Pero ese ya se murió hace años -le dije.
-¿Cómo?
-Claro, ya está muerto. Lo fusilaron, le metieron como quinientos balazos. Además nunca te hubiera hecho caso porque era maricón.

Supe más tarde que el enterarse de forma tan brusca sobre la muerte de su amado le había ocasionado una fuerte crisis depresiva.
(Nunca he tenido mucho tino para decir las cosas pero creo ya no ser tan bestia como lo era a los doce años).